domingo, 13 de diciembre de 2009

El crecimiento

Quieres que te cuente de mi semestre en Sevilla. En una palabra: crecimiento. Por eso, esta foto del árbol con sus ramas alcanzando al cielo es la imagen más descriptiva de los últimos meses. Como dice Eduardo del Campo en su libro De Estambul a El Cairo, la única cosa que nos prohibe de actuar es el miedo: el miedo de que va a pasar en el próximo momento, el miedo del cambio, el miedo de lo que no conocemos. Todos de estos pensamientos me daban miedo en las semanas antes de mi salida para España.
¿A quién me convertiría?
¿Voy a pasar los meses sola, sin amigos?
¿Puedo hablar español?
¿Cómo voy a compartir mi experiencia con mi familia, con David?¿Qué va a pasar con David y yo- podemos sobrevivir este tiempo separados?
¿Y de mi relación con el Señor…cómo va a cambiar en estos días?

Yo tuve miedo del cambio, del sustituto del conocido por algo extraño y nuevo. Aunque ya había aprendido que el cambio sostiene la vida, se me olvido que el cambio no tiene que ser negativo. En la misma manera que el labrador corta las ramas para que dé más fruto, el cambio revela las partes más profundas y sinceras de nos mismos que duran las dificultades de la vida.

Ahora, después de cuatro meses en España, quiero decir honestamente que me siento más un adulto en todas formas buenas. Antes de venir, no quería ser más “adulto”, no quería cumplir más años, no quería cambiar. No obstante, si lo quería o no, ha pasado: soy más responsable, más independiente, más consciente del mundo, más como mi misma. Todo de eso ha pasado por las manos de Dios, quien me ha demostrado su presencia evidente en mi vida a través de los últimos meses. He rezado, y he recibido respuestas cada vez. He visto la providencia por todas mis necesidades además de mis deseos. No puedo decir nada de mi aventura española sin contando las formas en que Dios has formado mi corazón y mi carácter durante este tiempo. Yo no digo sino que ahora yo sé que mi Padre es fiel, lleno de gracia y misericordia, presente, Creador del camino de mi vida. Él está sobre todo. He vivido días llenos de gozo profundo y otros de tristeza desconocida. He puesto mi vida en las manos de mis Salvador y he visto que no hay ningún mejor sitio para descansar y ser satisfecha. He crecido, por sus manos solamente, y Él me ha dado una paz que dura los días felices y los tristes porque sé que mi vida viene de Él y se sitúa en sus manos, sea en los EEUU, en España o cualquier otra rincón de Su mundo. Pasando el semestre en España, aparte de mi vida normal, ha sido catalizador para el cambio, y ahora me doy cuenta otra vez que donde hay cambio, hay crecimiento.

1 comentario:

  1. Muy bonito y lleno de sentido este texto Valerie. Gracias por todo tu trabajo, esfuerza y fantástica contribución a la clase y sus proyectos.

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